sábado, 12 de junio de 2010

Esteban Manuel de Villegas 2

1
Los ciento que dio pasos bella dama, los mil que dio suspiros tierno río, siendo ella esquiva más que al sol su rama, y él, más que el sol amante a su desvío, yo cantaré, que amor mi pecho inflama, y no de Marte el plomo, cuyo brío en el vaciado bronce, resonante, venganza es ya de Júpiter tonante.

2
Tú que le has dado con suave huella alma a las mías y alas a mi pluma, constelación de Amor hermosa y bella, aunque nacida no de blanca espuma, ésta recibe, que si no es querella de mi tierna pasión, es breve suma de cuantas se movió veces tu planta grave, por quien es ya grave Atalanta.

3
Y vos, que el generoso siempre oído adulzáis con el son de la cometa del suelto cazador bien repetido, ya veces reiterado en la escopeta, agora estéis al arrayán tendido, de Venus fulminando la saeta, agora, mientras Febo al mar declina, blandiendo el pasador entre la encina,

4
Agora de damasco entre la ropa, debajo del dosel bordado augusto, despachéis de negocios larga tropa, interrumpiendo de la siesta el susto, agora en el jinete que galopa, por no olvidar tan generoso gusto, queráis batir el lado, que se bate con el agudo bárbaro acicate.

5

Si pasos de una dama son de estima, que como el dueño son graves y bellos, escuchaldos, Señor, antes que imprima profano el vulgo su ponzoña en ellos, que si de la excelencia que os sublima parte les toca, dudo que los cuellos de tantos Aristarcos no domados, se escapen esta vez de ser pisados.

6
Y juntamente recibid de un río, que os besa el pie como fiel vasallo, el requebrado acanto, si ya el brío no os sobrelleva de andaluz caballo, con cuyo beneplácito, ya el mío, si un tiempo se dispuso a comenzallo, fin dichoso dará, que en voz difusa éstos los versos son y ésta es la Musa.

7
Era violetas ya, lo que antes rosa, y alas de hielo, lo que ardiente paso, sobre quien acostó noche odiosa la carrera del sol que iba al ocaso, cuando los dos de mi pastora hermosa dieron su luz al horizonte escaso. Yo los miré, y el cielo, que los vía, volvió a lucir y comenzose el día
...

9
Luego en la grama, estrado de la ve! hijas de Venus la violeta y rosa, una se ensancha y otra se despliega, y cada cual se vuelve más hermosa. También el mar, que el pájaro navega, medio calmó la inundación briosa, y por vía de halagos a las flores les sosacó los más de sus olores.

10

Luego se vio mover divina planta que amenidad brotó por cada orilla, mientras a su epiciclo se adelanta ésta, que es luna en pálida servilla, de cuyo acceso admiración fue tanta al ya que la contempla Najerilla, que abrir le hizo tras sus pies de nieve boca de perlas que cristales bebe.

11
Y alzando de sus urnas la cabeza, de verbenas y lirios coronada, bien fuese estimación de su belleza, o bien rigor de fuerza enamorada, como la dulce tórtola, que empieza a penetrar los vientos lastimada, en dulce son con labios de corales sembró por su cristal querellas tales:

12

"O tú, que agora por mi bien paseas la gran juridicción de este distrito y con tu blando respirar recreas mi grave padecer, que es infinito, dulce serrana, bienvenida seas, para reparo del mayor conflito que el ciego dios con flechas de diamante pudo imprimir en corazón de amante.

13
Después que con tu pie nevado y terso pisaste el suelo que el Abril colora, tumbose el so4 pasmose el universo, viendo volver a mi cristal la Aurora, y con esmaltes de color diverso, (bien que no tales) la dedálea Flora, por solo hacer retrato de tus flores, esta margen pintó de mil colores.

14
Estaba ya cubriendo a sus hijuelos, con alas de piedad toda dormida, desquitándose allí de mil desvelos que la tuvieron casi enmudecida, la dulce Filomena, a quien los cielos dieron más suavidad que alegre vida, cuando al sentir el Alba en tus madejas dejó sus hijos y empezó sus quejas.

16
Siguiéronse a la voz desta avecilla otras, que congregaron tus dos ojos, extendiéndose ya por nuestra orilla, donde el jazmín aún siente mis enojos. Sólo tu pecho, dura pastorcilla, es mármol frío, es ásperos abrojos, pues con tenerme esclavo el albedrío aún no quieres llamarte dueño mío.

17

Si es presunción, merezca este desprecio en recompensa ya piadoso estilo, que es para mi terneza el golpe recio, y para tanto amor severo el filo. y pues con mi cristal no tienen precio los que redundan del egipcio Nilo, estima mi deidad, y esta grandeza halle cabida en tu mayor belleza.

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